Adaptación fotográfica2016-11-24T08:55:26+00:00

Project Description

Viajo hacia el aeropuerto de Madrid, en esta ocasión ni siquiera bajaré del avión.

Una escala estúpida, una escala técnica que ni siquiera está a medio camino entre mi origen y mi destino – ni muchísimo menos – pero que hace que el vuelo sea mucho más barato. Estas cosas pasan, cada vez más y no tiene sentido luchar contra ellas.

En los asientos al otro lado del pasillo, dos mujeres.

Deberíamos presentarnos a la gente con la que viajamos. Contarles algo nuestro, íntimo, privado; “no me gusta volar, vuelo a ver a mis hijos, es el quinto puente aéreo en dos semanas, suelo volar con mi marido pero le surgió algo y se me unirá en un par de días, me muero de ganas que repartan esos cacahuetes”.

Pero no lo hacemos.

Me fijo en la otra pareja del otro lado del pasillo. Al principio no había reparado en ellas. Poco a poco, a medida que el aburrimiento de las horas me iba invadiendo he ido observándolas más y más, construyéndoles una historia.

Suelo hacerlo. Cuando estoy solo y rodeado de gente. En los aeropuertos, en los aviones, en la cola del supermercado o, simplemente, paseando por la calle. Selecciono a alguien, o a más de un “alguien” y le invento una vida, una historia, un motivo, una ilusión.

Es un juego tonto, sin solución. Nunca he roto la barrera, nunca he atravesado el espacio entre mi desconocido y yo. En muchas ocasiones he estado tentado de hacerlo, pero jamás (o prácticamente jamás, pero eso es otra historia) me atreví. Siempre gano, siempre pierdo…

Despegamos de nuevo.

Ya les he hecho pareja. Al principio no se me pasó por la cabeza. Vemos dos personas de distinto sexo que viajan juntas y, en principio, pensamos que son pareja. Si son del mismo sexo, de entrada, no.

Aterrizamos en Donosti y ya tenemos el coche de alquiler esperándonos, que nos llevará a la sagardotegi. Mi cabeza sigue pensando en ellas, les he visto un par de gestos, un par de caricias contenidas que me han llevado a pensar que había algo más.

Una era mayor que la otra. Tal vez la mayor a mitad de los cuarenta, la joven aún no los habría alcanzado. Tenían una actitud extraña, no entre ellas, no parecía que atravesasen problemas, pero tal vez… Sí, tal vez como si estuvieran viviendo una situación nueva para ellas… Sus primeras vacaciones juntas. Sus primeras vacaciones juntas y solas….

Y mi imaginación ya me lleva a otras vacaciones, a otro verano. En aquella ocasión con maridos e incluso niños. ¿Fue allí, fue aquel verano…?  Sí, fue en aquella ocasión en que se descubrieron. Allí dieron el primer paso, un primer paso hacia algo completamente nuevo y distinto.

Y luego, pasado el tiempo, de vuelta a la ciudad, con  las ocupaciones normales dejaron que el tiempo pasara… daba miedo, sólo había sido una locura, “los niños son pequeños”, “no está bien”, “no merece la pena ir contra de la corriente”.

Me duermo.

Adaptación fotográfica de 100 muflones

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